Hambre de piel, la base de la humanidad

Al leer este título seguramente te estás preguntando qué es el hambre de piel, es muy sencillo: el hambre de piel es la necesidad del ser humano del contacto físico para poder desarrollarse desde la tierna infancia de buena manera y que neuronas claves no se mueran en el proceso de crecimiento. Aunque no lo creas vos, sos una persona sana hoy porque en tu infancia recibiste contacto físico en forma de caricias y cuando tu mamá te daba el pecho. Hay algunos casos en donde este contacto físico no está presente y lleva a la persona a tener distintos trastornos psicológicos y/o físicos cuando se vuelve mayor.

La importancia del contacto físico


El contacto físico es fundamental para el desarrollo saludable de un niño, igual de importante que el hecho de alimentarse, educarse y socializarse.
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Un estudio realizado por René Spitz fundamenta esto. René decidió estudiar un grupo de bebés en un orfanato dándoles todo el trato personalizado que necesitaban pero privándolos de caricias y contacto físico. Los resultados fueron realmente sorprendentes ya que muchos de los bebés perdieron la vida antes de los 2 años y los que sobrevivieron sufrieron consecuencias de distintos tipos (físicas, mentales, sociales, etc.). Esto demuestra claramente el hecho de que el contacto físico es clave y no puede ser dejado de lado.
A partir de este estudio surgieron distintas formas de tratar la falta de contacto físico en niños y bebés, la terapeuta Lisa Barbery crea el “sistema de abrazoterapia” en el cual se le brinda el contacto físico en forma de abrazos para reemplazar los gestos de la madre de hacerle upa o amamantarlo. A partir de estos abrazos le permite sentirse mejor y además desarrollarse de la mejor manera posible tanto psíquica como físicamente.

Lactancia, origen del contacto físico


Cuando somos bebés la oxitocina cumple un rol decisivo para nuestro óptimo desarrollo, esta hormona se genera en el periodo de lactancia y además, es la que termina por satisfacer la necesidad del contacto físico. Se genera en la madre y en el bebé mediante el “cuelgo del amor”, se genera un puente de endorfinas y oxitocinas mediante la leche materna que impulsa a que el bebé genere sus propias hormonas que lo van a ayudar a crecer sano.
Además, el bebé a esa temprana edad puede satisfacer el hambre de piel también a través de las caricias y el contacto físico, esto hace sentir al bebé seguro junto a su madre. Con todo esto en conjunto es que el bebé aprende a amar copiando el modelo de amor materno que recibe en sus primeros momentos de vida.

Contacto físico versus la vejez


No solamente el contacto físico ayuda a los niños, también ayuda a las personas en la tercera edad de manera considerable. En los encuentros que llevamos a cabo con los abuelos en los asilos se da este contacto físico indispensable con el abrazo al llegar, el abrazo al despedirse, el abrazo al ganar algún juego y también se puede dar cuando se le escucha al abuelo contar una anécdota poniendo una mano sobre su hombro.
Por más pequeñas que parezcan estas acciones para los adultos mayores son realmente la diferencia entre una vida menos o más placentera. Los principales beneficios del contacto físico en ancianos además de brindar felicidad son: reduce el enojo y la apatía, incrementa su autoestima, relaja los músculos, libera la tensión del cuerpo al equilibrar el sistema nervioso, disminuye la presión arterial, reduce el riesgo de padecer demencia y es una forma de comunicarnos con mayor confianza y calidez.

El hambre de piel se satisface con el contacto físico, decimos que es la base de la humanidad porque todos tenemos esas necesidad y solo puede ser satisfecha con abrazos, besos y/o caricias de las personas que nos rodean.

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